Los últimos datos de mediados de julio aportados por el Imserso (@Imsersohan hecho saltar las alarmas en las residencias de mayores.

En una semana, se han multiplicado por cuatro los casos –la mayoría asintomáticos o con cuadros leves– y, probablemente, este fenómeno podría tener que ver con el impacto de la quinta ola o con la menor efectividad de la vacuna frente a la variante delta. 

Así, por primera vez desde el final de la campaña de vacunación en residencias, parece que la transmisión del Covid ha vuelto con cierta fuerza a estos centros y, sobre todo, en una comunidad en concreto: Cataluña, que acumula la mitad de las infecciones –63 brotes y 270 casos–. 

Fuente: Imserso. 

 

Ahora bien, las cifras no son ni comparables con las de principios de año, cuando el Covid campaba a sus anchas e infectaba a miles de usuarios aunque los centros estuviesen cerrados casi a cal y canto –todavía no se habían vacunado todos los usuarios–. Cabe recordar que han fallecido durante la pandemia más de 30.000 residentes con coronavirus, siendo el colectivo más afectado por esta crisis sanitaria. 

Además, el impacto de estos brotes es desigual, según la región. A parte de Cataluña, algunas autonomías, como Castilla y León, Andalucía o Aragón, entre otras, han vivido un incremento súbito en la semana del 12 al 18 de julio, mientras que otras, como Asturias, no han experimentado esta subida de infecciones aún, aunque la incidencia acumulada en la población general es elevada.

La vacuna no evita todos los contagios 

"La vacuna evita los casos graves y la mortalidad, no los contagios. Por tanto, a partir del momento que se relajan las medidas de seguridad, los casos pueden volver a subir, especialmente, en medio de una ola, cuando el virus circula tanto. La clave es reducir al máximo los contagios porque, aunque sean menos graves, sigue habiendo riesgo. Una dosis de refuerzo de la vacuna no cambiaría esto, porque el problema sigue siendo que no evita los contagios", explica el investigador de la Universidad de Leicester (Reino Unido), Salvador Macip (@DrMacip). 

No obstante, algunos expertos sí que entienden que estas infecciones quizá tengan que ver también con que hace mucho tiempo que estas personas recibieron la vacuna.

Y es que se ha visto en estudios a pequeña escala que el nivel de anticuerpos generados por los mayores tras la vacuna es menor que en personas jóvenes y disminuye con el tiempo, pero no se sabe con certeza si esto tiene una relación directa con que se puedan contagiar con mayor o menor probabilidad. 

"La preocupación ahora con los mayores es que no sabemos cómo les puede afectar una variante como la delta, y la mayoría recibió sus vacunas hace tiempo. Yo creo que una tercera dosis podría ser la solución, pero no sé si va a ser viable en vista de que se está ralentizando la llegada de vacunas incluso para inyectarlas a los que aún no han recibido ninguna dosis", opina la inmunóloga del CSIC, Matilde Cañelles (@CanellesMatilde). 

Vuelta a las restricciones

Así todo, aunque por ahora los contagios no se hayan disparado como en otras olas y la mayoría de casos no sean graves, son varias las comunidades que han decidido blindar sus centros, para impedir estos contagios. Y la mayoría de medidas de restricción han tenido que ver, como ya sucedió en las demás ondas epidémicas, con las visitas y las salidas de los usuarios. 

Por ejemplo, en Cataluña se piden test de antígenos para realizar visitas, se han limitado las salidas a tres o más días, como mínimo, y se permite únicamente que las familias vean dos veces a sus seres queridos a la semana. 

Otras comunidades, como La Rioja, también han seguido el camino catalán y realizan cribados periódicos entre profesionales para evitar contagios. Y podría ser que, en los próximos días, alguna otra región pueda optar por aplicar medidas similares si la tendencia al alza se consolida. Con todo, Sanidad todavía no ha recomendado que las residencias se vuelvan a confinar parcialmente de forma generalizada.

 

Las patronales, a favor de blindar las residencias

También las patronales del sector apuestan por la vía catalana y por una vuelta a las restricciones en las visitas.

"Ya avisamos hace dos meses que permitir la libre circulación de las familias por las habitaciones de los residentes era un completo error. Todavía es demasiado pronto para volver a la normalidad, y debemos continuar extremando las medidas de seguridad: visitas en espacios controlados, uso de gel hidroalcohólico y mascarilla de forma permanente incluso en los espacios exteriores de las residencias. Las personas mayores merecen la máxima protección y estamos pidiendo a las autoridades sanitarias que extremen las garantías de sus cuidados y que articulen las medidas necesarias para restringir y suspender –si fuera necesario– las visitas en los centros", comenta el secretario general de la patronal de la dependencia AESTE (@AESTE_oficial), Jesús Cubero. 

Coincide con Cubero el presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (@FEDdependencia), Ignacio Fernández-Cid. "Somos el reflejo de lo que pasa en la sociedad. Evidentemente, existe una quinta ola y se está produciendo un contagio importante. Y claro, las residencias no podemos estar al margen de esto. Máxime, cuando nuestros profesionales siguen entrando y saliendo todos los días, así como los familiares, con más o menos flexibilidad, en función de la comunidad", señala.    

Por ello, Fernández-Cid entiende que se restrinjan las visitas, aunque, reconoce, "es un palo para las familias" y los usuarios. "Su equilibrio mental está basado en esas relaciones", explica. 

Los familiares piden que no se limiten las visitas

Y por esa misma razón, las organizaciones de familiares se oponen a la vuelta de las restricciones, ya que entienden que se está volviendo a cargar de nuevo todo el peso de las limitaciones sobre ellos sin valorar el efecto positivo del contacto humano.

"Creemos que no hay que aplicar ninguna medida distinta de las impuestas al resto de ciudadanos. Es decir, distancia social, desinfección, mascarillas... Si no, sería discriminatorio. Además, ya están vacunados, con lo cual, deben estar parcialmente protegidos", argumenta la vicepresidenta de la plataforma de familiares Pladigmare (@pladigmare), Luz Cabello. 

Así pues, las familias reclaman que se adopten restricciones alternativas como: "que se rastree; que se aíslen las zonas afectadas durante el menor tiempo posible; que los trabajadores que no se hayan vacunado no estén en atención directa; que se hagan cribados semanales; que se intensifique la limpieza en las zonas de visita; que todas las residencias tengan un plan de contingencia y que se haga un estudio serológico para cribar a los residentes que no hayan generado anticuerpos". 

"Se deberían adoptar estas medidas, en lugar de coartar su libertad y limitar o paralizar su vida. Es verdad que hay que proteger, pero sin discriminar", sentencia. 

"Creo que estamos matando moscas a cañonazos. La solución no puede ser que se contagien los jóvenes y que encerremos a las personas mayores. No hay personal y la sectorización no se hace. Y encima, tenemos muchísimos trabajadores sin vacunar. Lo fácil no es tomar medidas de control, sino encerrar a la gente mayor, y lo alucinante, en Cataluña, es que se hace sin pasar por el Tribunal de Justicia. Estamos haciendo confinamiento domiciliario –no permitir las salidas de menos de tres días–, sin pasar por la Justicia. Eso no es protección, es crueldad. Aun así, hay cosas que se pueden hacer, como test semanales a todos, pero eso supone dinero", denuncia la portavoz de la asociación de familiares de Cataluña, Coordinadora residencias 5+1 (@CooResidencias), María José Carcelén. 

Comparte la opinión de Carcelén el portavoz de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Familiares y Usuarias de Residencias y de la organización de familiares de residentes gallegos REDE (@REDE_org), Paulino Campos, que entiende que el aumento de la incidencia acumulada no "debe dar pie a las restricciones que vislumbramos en estas últimas semanas en insensibles dirigentes de Administraciones públicas e insensatos directores de residencias, a los que parece no preocupar las torturas emocionales –y físicas– que han sufrido usuarias y familiares en este casi año y medio de pandemia".

"Las  organizaciones civiles que defendemos los derechos de las personas mayores venimos alertando del patente deterioro físico y psíquico con que nos hemos encontrado a estos heroicos supervivientes cuando nos han abierto el acceso a las residencias –dicho también: la apertura de puertas nunca ha sido de par en par–. Un centros que, desgraciadamente, han operado desde marzo de 2020 como auténticos búnkeres o prisiones con confinamientos extremos y aislamientos crudos que en muchos casos vulneraron normativas y protocolos, irregularidades graves nunca sancionadas", prosigue Campos. 

Hay problemas igual de graves que el Covid actualmente

Y es que, a pesar de que los contagios estén aumentando en residencias y esto suponga un problema, no se deben dejar de lado otras problemáticas que son consecuencia indirecta de la pandemia, según afirma el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (@seggeriatria), José Augusto García Navarro.   

"Como los mayores no pueden acceder a servicios de salud, estamos acumulando personas en listas de espera pendientes de diagnósticos de enfermedades graves. Se deben acelerar el diagnóstico y también los tratamientos. En este momento, no se trata sólo de afrontar el Covid, sino que hay que tener en cuenta también que hay personas en domicilios que no pueden acceder a los servicios que necesitan. Estamos viendo en geriatría algunos con demencia diagnosticada muy tarde, por ejemplo. Otros, que tienen cáncer... Hay que activar los servicios sanitarios", advierte García, que pide asimismo que se aumente la inversión en dependencia para paliar este problema. "España dedica a este fin el 0,7% del PIB mientras que la media de la Unión Europea es del 1,5% y otros países, como Dinamarca, alcanzan el 3%", cuenta. 

Y no sólo se debería poner el foco en las secuelas físicas –añade– también se tendrían que considerar como un problema relevante las consecuencias psicológicas del aislamiento en los mayores residentes. "El miedo a salir que todavía padecen muchos mayores por temor a contagiarse tiene un impacto enorme en la salud emocional. En los servicios de geriatría recibimos cada vez más pacientes con depresión, ansiedad, más miedo... Es importante que salgan y vuelvan a su vida normal", concluye. 

Los trabajadores no vacunados, ¿un vector de contagio?

Finalmente, cabe igualmente destacar que no todos los trabajadores están bien protegidos mediante la vacuna y algunos pueden estar siendo responsables de brotes. 

Con todo, este problema no es muy determinante en España, puesto que la inmensa mayoría de los profesionales cuentan con las dos dosis desde hace meses. Una situación, que genera un efecto protector para las residencias, aunque con la variante delta algunos trabajadores vacunados también se estén contagiando.

Sin embargo, en otros países europeos, como en Francia y Reino Unido, esta falta de inmunización está suponiendo un problema, por lo que las autoridades de estos países han optado por obligar a todo el que trabaje en un centro sociosanitario a vacunarse contra el Covid, algo, que todavía no ha sucedido en España. 

Aún con todo, todavía se desconocen las verdaderas razones de estos contagios y se trabaja sólo con hipótesis.

Por ello, quedan muchas incógnitas por responder. ¿La tendencia seguirá al alza aunque los casos disminuyan en la comunidad? ¿Se han contagiado entre vacunados sin síntomas? ¿Cuántos de los mayores vacunados fueron contagiosos? ¿Si no se hubiesen cortado las cadenas de transmisión cuando se detectaron los primeros casos se hubiesen infectando casi todos los residentes aunque estuviesen vacunados? ¿Por qué los trabajadores vacunados se infectan menos que los mayores? ¿Ha dependido de la carga viral de la persona el que haya habido o no un brote más o menos grande entre vacunados? 

Así, queda en manos de los científicos analizar qué porcentaje de los mayores de residencias vacunados se contagian expuestos a la misma carga viral y a situaciones similares y de qué está dependiendo que haya más o menos casos.

Y una vez se encuentren las razones, se podría explicar por qué ciertos centros siguen teniendo brotes de un solo caso y, en otras residencias, se detectan 60 infecciones de golpe sobre 140 plazas, como en el caso recientemente ocurrido en el municipio cordobés de Pedroche.